Enseñar español: ¿Hasta dónde quiere aprender el alumno?

¿Crees que las expectativas del alumno en cuanto a su nivel de español influyen en su progreso? Y las expectativas del profesor, cuando no coinciden con las del aprendiente, ¿cómo impactan en el proceso de aprendizaje?

Clase de conversación en español, conociendo al alumno, Didáctica de ELE

La inspiración para escribir este texto proviene de la profesora Nathaly con el comentario que me envió por email:

…el problema más común, y que se me ha hecho muy difícil de manejar, es el del alumno que quiere hablar y solo hablar con vocabulario avanzado o específico (negocios, ingeniería, etc.) PERO NO ESTUDIA! , muchos me dicen que tienen más de un profesor porque desean mejorar rápido pero no veo gran avance en ellos, al final se sinceran y dicen que no tienen tiempo y etc., pero aún así siguen pagando por clases privadas, eso es frustrante porque no se trata de que me paguen sino que también vea que mi trabajo tiene un impacto positivo en ellos, su avance 🙁

Gracias, Nathaly!

Es importante tener en cuenta dos elementos importantísimos en el proceso de enseñanza / aprendizaje de una lengua extranjera:

  • las expectativas del profesor
  • las expectativas del alumno

…porque no siempre coinciden!

Vamos a ver dos situaciones un poco diferentes: la del alumno que tiene como objetivo comunicarse en español y la del alumno conformista.

El alumno que se quiere comunicar en español

Los profesores tenemos un interés muy grande por la lengua que enseñamos, y por las lenguas en general.

Cuando aprendemos una lengua extranjera, queremos tener un nivel avanzado con una pronunciación envidiable, nos preocupamos por formar frases gramaticalmente correctas, expandir el vocabulario, etc.

Y es bueno que esto sea así, pues somos profesores. Necesitamos un excelente dominio de la L2, tanto para enseñarla como para comprender realmente los procesos que se ponen en marcha al aprender un idioma.

Pero, ¿y el alumno?

En la mayoría de los casos, ellos no tienen expectativas tan ambiciosas. Para muchos, poder comunicarse para resolver situaciones de su trabajo ya es suficiente.

No necesitan un C1, a veces un B1 ya les resuelve la vida aunque sea en modo sobrevivencia.

No todos son amantes de la literatura, ni apasionados por descubrir otras culturas y modos de ver la vida.

Y a pesar de esto, también merecen aprender un idioma 🙂

Es normal que tengan este abordaje más pragmático, no son del área de lenguas; muchos son ingenieros, profesionales de TI, etc…

Por eso, los profes debemos bajar un poco nuestro nivel de exigencia en las clases con adultos, principalmente en español para fines específicos, como negocios, medicina, hotelería, entre otros.

Si esperamos que formen frases perfectas los estaremos frustrando, se van a desmotivar, y nosotros también.

Es mejor adoptar una perspectiva práctica, observando la rentabilidad de lo que enseñamos: priorizar el léxico más frecuente, no detenerse en lo que no es esencial.

Por ejemplo, si un alumno está preparándose para una negociación en México, podemos elegir no enseñar la forma «vosotros».

Tenemos que aprender a no ser tan quisquillosos, viendo los errores como evidencia de que se están animando a hablar.

Hay que priorizar la comunicación, cuestionándonos siempre: «si le dice esa frase a un nativo, ¿le entenderían? ¿A pesar de los errores?»

Centrarnos más en corregir aquellos errores que afectan a la comprensión del mensaje, que son los que realmente les van a causar problemas.

O sea, se trata de buscar un punto de encuentro entre dónde quiere llegar el alumno y dónde nos gustaría a nosotros verlo llegar.

Porque, al final, la decisión es suya.

El alumno conformista

Otra situación muy diferente se da cuando las expectativas del alumno son excesivamente conformistas y le juegan en contra.

Es el caso de aquel alumno que está siempre igual, que no le vemos progreso alguno a medida que va avanzando el curso. Parece que no adquiere el vocabulario que le enseñamos, presentando siempre las mismas dificultades.

Probablemente lo que explica esta situación es que ha llegado a un punto de conformidad. Como con lo poco que sabe se defiende, no tiene un interés real de ir más allá.

Tal vez está en una zona de confort, porque se confía en la ayuda del profesor o cuenta con la paciencia y buena voluntad del interlocutor para que le solucionen la dificultad de expresarse.

Es en realidad, más allá de las dificultades cognitivas que puedan estar presentes en la ecuación, un problema de actitud y expectativas, una postura mental inconsciente que le boicotea los intentos de mejorar.

Puede haber también un filtro afectivo que le impide abrirse al aprendizaje: actitudes hostiles sobre la lengua extranjera y su cultura, miedo de sentirse ridículo produciendo sonidos que le parecen extraños,  inhibiciones, entre otros sentimientos y emociones.

Aprender es un proceso que depende de la voluntad e intención del propio sujeto. Un alumno no puede aprender mucho más allá de sus propias expectativas, de la meta que se trazó, consciente o inconscientemente.

Si no tiene interés, no se le puede imponer nada ni hacerle aprender a la fuerza.

El camino es concientizar, hacerle ver los problemas reales que le puede ocasionar una competencia pobre en el idioma.

Para esto, una herramienta fantástica es el storytelling, o sea, contar historias breves donde el protagonista es un personaje que tiene esa actitud poco acertada del alumno conformista; para hacerle ver esa postura que queremos mostrarle.

>> Estas técnicas están en el Curso Cómo Enseñar Español con Historias

Por ejemplo, una historia podría ser la de João que está haciendo un intercambio en Argentina y tiene un pequeño malentendido con su compañero de clase debido al uso de un falso cognado.

A través de la historia, podemos reflexionar con el alumno cuál fue el malentendido, cuál es el significado y uso adecuado de la palabra en cuestión, y principalmente, las consecuencias reales que puede causar un simple error lingüístico en la relación entre las personas.

También podemos usar ejemplos reales. Yo tengo varios, por ejemplo, cuando recién comencé la relación con mi pareja, que es brasileño, un día le dije «te extraño mucho».

Pero resulta que en portugués, «estranhar» significa sentir que el comportamiento del otro no es natural, que está diferente de lo habitual. Yo le estaba ofreciendo mi corazón y él entendió que yo estaba decepcionada por algo.

Hacer esta reflexión mediante una historia permite al alumno cuestionar y criticar la actitud del personaje, que en realidad es una proyección de sí mismo.

Es más simpático criticar algo externo que estar dándole por la cabeza directamente: «tienes que hacer un esfuerzo, tienes que estudiar más» o cualquier otro sermón de este tipo, tan molesto como ineficaz.

De esta forma, si todo sale de acuerdo a lo esperado, el alumno irá dándose cuenta de la importancia de cambiar su actitud para abrirse a la posibilidad de adquirir el idioma. De que con «un español más o menos» no es suficiente.

En todos los casos, es un tema que exige sacar nuestro lado «coach», el psicólogo interior que los profes llevamos para trabajar sobre aspectos emocionales que están intrínsecamente ligados al proceso de aprendizaje.

Espero que estas reflexiones te ayuden a «hacer las paces» con tus alumnos más pragmáticos o conformistas. Para todos estos casos, hay un método que trae beneficios para profes y alumnos: el método TPRS – input comprensible o enseñar con historias.

Los beneficios para los estudiantes:

  • mucha práctica oral en clase que les permite fijar léxico y patrones de la lengua de forma natural;
  • aprender sin gramática explícita ni ejercicios difíciles o aburridos;
  • sentir cada vez más confianza y motivación;
  • cero frustración: no siente que el profesor lo juzga ni lo critica, sino que le da para adelante animándolo siempre;
  • el español le parece fácil y esto lo motiva a continuar;
  • logra lo que siempre soñó: poder HABLAR cada vez con más fluidez.

Y los beneficios para nosotros los profes:

  • nos permite adecuar nuestras expectativas;
  • cambiar nuestro mindset o mentalidad;
  • pasar de ver al estudiante como alguien «que no estudia» a verlo como tu mejor creación, creciendo en fluidez a cada clase gracias a tu guía.
  • dejar de perseguir el error y verlo como parte natural del proceso;
  • poner el foco y valorar lo que el alumno está haciendo bien;
  • comprobar que lo que hacemos da resultados visibles que te motivan a seguir.

En conclusión, si a veces nos sentimos un poco frustrados por lo que percibimos como falta de interés por parte de nuestros alumnos, el primer paso es entender mejor sus expectativas y las nuestras. De nuestra parte, lograremos dar un giro a nuestra práctica docente al comprender lo que para mucho de ellos es realmente importante: un dominio operacional del idioma que les permita comunicarse, aunque sea con errores. Y con una metodología centrada en la práctica oral, como TPRS-input comprensible, podemos entregarles resultado y ver el fruto de nuestro esfuerzo recompensado 🙂

¿Querés hacer hablar a tus alumnos de verdad?

No te mando PDFs para “ver después”.
Te envío claridad: ideas que te hacen repensar cómo enseñás.
📬 Suscribite a mis emails si querés entender el “por qué” detrás de las clases con historias: